Artículo de Investigación Original

Uso de simuladores virtuales como herramienta de aprendizaje activo en
entornos educativos universitarios

Use of Virtual Simulators as an Active Learning Tool in University Educational
Environments

David Enrique Montenegro Montenegro
1[0009-0009-2549-7256]
, Rafaela María Vinueza Beltrán
1[0000-
0002-2375-1574]
, Vanessa Fernanda Morales Rovalino
2[0000-0001-8844-8544]

1
Yachay Tech University, Imbabura, Ecuador.
dmontenegro@yachaytech.edu.ec
rvinueza@yachaytech.edu.ec

2
Universidad Técnica de Ambato, Tungurahua, Ecuador.
vf.morales@uta.edu.ec

CITA EN APA:

Montenegro
Montenegro,
D.
E.,
Vinueza
Beltrán,
R.
M.,
& Morales
Rovalino,
V.
F.
(2025).
Uso
de
simuladores
virtuales
como
herramienta de aprendizaje activo en
entornos
educativos
universitarios.
Technology
Rain
Journal
,
4
(1).
https://doi.org/10.55204/trj.v4i1.e75

Recibido:
27
de
febrero del 2025

Aceptado:
12 de mayo del 2025

Publicado:
04 de junio del 2025

Technology Rain Journal

ISSN:
2953
-
464X

Resumen
.
Este artículo presenta una revisión bibliográfica sobre el uso
de
simuladores
virtuales
como
herramienta
de
aprendizaje
activo
en
entornos universitarios. La investigación analiza estudios relevantes que
abordan
su
aplicación
pedagógica,
beneficios
educativos,
áreas
disciplinares
de
uso
y
desafíos
institucionales.
Se
destaca
que
los
simuladores permiten al estudiante interactuar con entornos complejos
de
manera
segura,
promoviendo
la
transferencia
del
conocimiento
teórico a la práctica, la toma de decisiones, el pensamiento crítico y la
motivación intrínseca. Entre los beneficios más relevantes se encuentran
el fortalecimiento del aprendizaje autónomo, la mejora de la retención
de contenidos y el desarrollo de habilidades profesionales en contextos
simulados.
Asimismo,
se
analiza
el
papel
de
tecnologías
complementarias como la retroalimentación automatizada y la realidad
expandida (virtual, aumentada y mixta), que enriquecen la experiencia
de aprendizaje. Se concluye que los simuladores deben entenderse no
solo
como
recursos
tecnológicos,
sino
como
medios
didácticos
transformadores
que
requieren
planificación
pedagógica,
acompañamiento institucional y evaluación sistemática para garantizar
su efectividad.

Palabras
Clave:
Simuladores
virtuales
·
Aprendizaje
activo
·
Educación universitaria · Realidad virtual · Tecnología educativa.

Los contenidos de este artículo están bajo
una
licencia
de
Creative
Commons
Attribution 4.0 International (CC BY 4.0 )

Los
autores
conservan
los
derechos
morales y patrimoniales de sus obras.

Abstract
:
This article presents a literature review on the
use of virtual
simulators as a tool for active learning in university environments. The
research
analyzes
relevant
studies
that
address
their
pedagogical
application,
educational
benefits,
disciplinary
areas
of
use,
and
institutional challenges. It highlig
hts that simulators allow students to
interact safely with complex environments, promoting the transfer of
theoretical
knowledge
to
practice,
decision
-
making,
critical
thinking,
and intrinsic motivation.
Among the most significant benefits are the
strengthening of autonomous learning, improved content retention, and
the
development
of
professional
skills
in
simulated
contexts.
Additionally, the role of complementary technologies such as automated
feedback
and extended reality as they enrich the learning experience.
The review concludes that simulators should not be understood merely
as
technological
resources,
but
as
transformative
didactic
tools
that
require
pedagogical
planning,
institutional
support,
and
systematic
evaluation to ensure their
effectiveness.

Keywords:
Virtual simulators · Active learning · Higher education ·
Virtual reality · Educational technology

Technology Rain Journal
ISSN
: 2953-464X
Vol. 4 Núm. 1 (enero – junio 2025)
,e75
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  1. 1.
    INTRODUC
    C
    IÓN

En la actualidad, la educación universitaria enfrenta el desafío de adaptar sus metodologías a las
demandas de una sociedad cada vez más digitalizada. La integración de tecnologías emergentes,
como
los
simuladores
virtuales,
se
ha
convertido
en
una
estrategia
clave
para
promover
el
aprendizaje activo y mejorar la calidad educativa (Arenas et al., 2023).

Los simuladores virtuales permiten a los estudiantes interactuar con entornos y situaciones que
replican escenarios reales, facilitando la comprensión de conceptos complejos y el desarrollo de
habilidades prácticas sin los riesgos asociados a la práctica en contextos reales. Esta herramienta ha
demostrado ser eficaz en diversas disciplinas, desde las ciencias de la salud hasta la ingeniería y las
ciencias sociales (Hurtado Espinosa et al., 2025).

El aprendizaje activo, caracterizado por la participación del estudiante en el proceso educativo, se
ve potenciado por el uso de simuladores virtuales. Estos fomentan la reflexión, el pensamiento
crítico y la toma de decisiones en entornos controlados, lo que contribuye a una experiencia de
aprendizaje más significativa y duradera (Freeman et al., 2014).

Diversos estudios han evidenciado que la implementación de simuladores virtuales en la educación
superior
mejora
el
rendimiento
académico
y
la
retención
del
conocimiento.
Por
ejemplo,
en
el
ámbito de la física, el uso de herramientas como PhET y Algodoo ha permitido a los estudiantes
visualizar
fenómenos
abstractos
y
realizar
experimentos
virtuales,
lo
que
ha
resultado
en
una
comprensión más profunda de los conceptos (Hurtado Espinosa et al., 2025).

Además, la pandemia de COVID-19 aceleró la adopción de tecnologías digitales en la educación,
destacando la importancia de contar con recursos que permitan la continuidad del aprendizaje en
entornos virtuales. En este contexto, los simuladores virtuales han demostrado ser una solución
eficaz para mantener la calidad educativa y fomentar la participación de los estudiantes (Arenas et
al., 2023).

A pesar de los beneficios evidentes, la implementación de simuladores virtuales en la educación
universitaria también presenta desafíos, como la necesidad de formación docente, la adecuación de
los contenidos y la inversión en infraestructura tecnológica. Por ello, es fundamental analizar las
experiencias existentes y evaluar las mejores prácticas para su integración efectiva en los procesos
de enseñanza-aprendizaje.

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Diagrama

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.
    1. 1.1
      Contextualización: simuladores virtuales, aprendizaje activo y educación universitaria

Este artículo tiene como objetivo revisar la literatura científica reciente sobre el uso de simuladores
virtuales
como
herramienta
de
aprendizaje
activo
en
entornos
educativos
universitarios,
identificando sus beneficios, desafíos y perspectivas futuras.

Figura 1.
Componentes clave del ecosistema de aprendizaje virtual

La Figura 1 esta imagen representa un esquema centralizado del entorno virtual de aprendizaje, en
el cual el estudiante se sitúa en el centro del sistema educativo digital. A su alrededor se articulan
seis elementos fundamentales que garantizan el funcionamiento eficaz del proceso formativo en
línea:
la
estrategia
pedagógica,
los
contenidos,
la
plataforma
virtual
de
aprendizaje
(LMS),
la
infraestructura
tecnológica,
los
procesos
institucionales
y
los
formadores
o
capacitadores.
La
interconexión entre estos elementos permite diseñar experiencias educativas coherentes, sostenibles
y centradas en el aprendizaje.

El
análisis
del
uso
de
simuladores
virtuales
en
entornos
universitarios
requiere
una
clara
delimitación
de
los
conceptos
fundamentales
que
sustentan
esta
propuesta
pedagógica.
Los
simuladores virtuales son entornos digitales interactivos diseñados para imitar procesos, situaciones
o
sistemas
reales,
permitiendo
a
los
usuarios
explorar
contextos
complejos
mediante
la
manipulación de variables, la toma de decisiones y la observación de resultados, todo ello en un
entorno
seguro
y
controlado
(Mikropoulos
&
Natsis,
2011).
Estas
herramientas
favorecen
el
aprendizaje
por
descubrimiento,
ya
que
permiten
experimentar
con
el
error
como
fuente
de
retroalimentación, potenciando la autonomía del estudiante en la construcción de conocimientos.

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Desde
una
perspectiva
tecnológica,
los
simuladores
pueden
incorporar
realidad
virtual
(VR),
realidad
aumentada
(AR),
modelado
tridimensional,
sistemas
adaptativos
o
motores
físicos
avanzados para generar representaciones fidedignas de fenómenos físicos, químicos, biológicos o
sociales.
Gracias
a
ello,
los
estudiantes
pueden
practicar
procedimientos,
visualizar
procesos
abstractos, resolver problemas prácticos y vivir experiencias formativas que de otro modo serían
inaccesibles por limitaciones logísticas o éticas (Pérez et al., 2023; Serrano-Luján et al., 2022).

En el contexto educativo, los simuladores contribuyen a un aprendizaje significativo al facilitar la
transferencia
de
conocimientos
teóricos
a
situaciones
aplicadas,
en
línea
con
las
teorías
del
aprendizaje experiencial de Kolb (1984) y del constructivismo de Piaget y Vygotsky. Su valor reside
no solo en la posibilidad de repetir múltiples veces una experiencia de aprendizaje, sino también en
la posibilidad de personalizar la dificultad, recibir retroalimentación instantánea y promover la toma
de decisiones en condiciones de incertidumbre, habilidades clave en la formación profesional del
siglo XXI (Czerkawski & Lyman, 2016).

Por su parte, el aprendizaje activo se refiere a un enfoque metodológico centrado en el estudiante,
en
el
cual
se
promueve
su
participación
y
consciente
en
la
construcción
del
conocimiento.
A
diferencia de los métodos tradicionales, que privilegian la transmisión unidireccional de contenidos,
el
aprendizaje
activo
implica
que
los
estudiantes
se
involucren
directamente
en
tareas
cognitivamente demandantes, como la resolución de problemas, simulaciones, estudios de caso,
debates, aprendizaje basado en proyectos y el uso de tecnologías interactivas (Bonwell & Eison,
1991; Prince, 2004).

Este enfoque ha demostrado ser eficaz en el fortalecimiento de competencias de orden superior,
tales como el pensamiento crítico, la creatividad, la toma de decisiones y la autorregulación del
aprendizaje
(Freeman
et
al.,
2014;
Chi
&
Wylie,
2014).
Además,
favorece
la
retención
del
conocimiento, mejora la motivación intrínseca del estudiante y fomenta una actitud reflexiva frente
a los desafíos académicos (Armellini & De Stefani, 2016).

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Escala de tiempo

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Figura 2.
Ciclo RA: Estrategia de Aprendizaje Activo Basada en Planificación, Ejecución,
Control y Acción.

La Figura 2 representa el Ciclo RA, una estrategia metodológica centrada en el aprendizaje activo a
través
de
cuatro
fases
secuenciales:
Planificar,
Ejecutar,
Controlar
y
Actuar.
En
la
etapa
de
Planificación (P), el estudiante observa un video que le permite anticipar los contenidos y objetivos.
Luego, en Ejecución
(E), se promueve
el
análisis de imágenes como
mecanismo de activación
cognitiva y comprensión visual. En la fase de Control (C), el estudiante realiza un mapa mental que
le permite estructurar y relacionar los conceptos aprendidos, consolidando así su conocimiento.
Finalmente,
en
la
etapa
de
Acción
(A),
se
orienta
a
aplicar
lo
aprendido
para
mejorar
sus
conocimientos
y
fortalecer
su
motivación.
Este
ciclo
busca
fomentar
la
autorregulación,
el
pensamiento crítico y la autonomía, alineándose con modelos pedagógicos constructivistas y con el
uso de recursos digitales interactivos.

En este marco, los simuladores virtuales se posicionan como herramientas pedagógicas idóneas para
operacionalizar
el
aprendizaje
activo,
ya
que
permiten
a
los
estudiantes
explorar
escenarios
complejos, experimentar consecuencias de sus decisiones y aplicar conocimientos en entornos que
imitan la realidad profesional. Estas experiencias, basadas en la interacción, la retroalimentación
inmediata
y
la
contextualización
de
saberes,
potencian
una
comprensión
más
profunda
y
significativa de los contenidos curriculares (Serrano-Luján et al., 2022). Por tanto, el aprendizaje
activo mediado por simuladores virtuales representa una vía efectiva para conectar la teoría con la
práctica y desarrollar habilidades transferibles al ámbito laboral.

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Este cambio es particularmente relevante en carreras de alta complejidad técnica o científica —
como medicina, ingeniería, arquitectura o ciencias aplicadas—, donde la experimentación directa
puede implicar riesgos, altos costos o restricciones logísticas. Los simuladores ofrecen entornos
seguros,
repetibles
y
adaptativos
que
fortalecen
el
aprendizaje
experiencial,
permitiendo
a
los
estudiantes desarrollar habilidades prácticas sin comprometer la integridad de personas, equipos o
materiales (Rodríguez et al., 2024). Asimismo, su integración está alineada con los principios de la
educación inclusiva y personalizada, al permitir adaptar las experiencias de aprendizaje a los ritmos
y estilos de cada estudiante (UNESCO, 2022; García-Peñalvo, 2021). En consecuencia, el análisis
de
su
implementación
en
la
educación
superior
resulta
clave
para
avanzar
hacia
modelos
pedagógicos más dinámicos, eficientes y centrados en el estudiante.

Finalmente,
la
educación
universitaria
contemporánea
enfrenta
transformaciones
significativas
impulsadas por la digitalización, la globalización del conocimiento y las demandas del siglo XXI,
que exigen profesionales con competencias más allá del dominio teórico. El modelo tradicional
centrado en la enseñanza está dando paso a enfoques centrados en el aprendizaje, donde el estudiante
asume un rol protagónico en su proceso formativo, desarrollando autonomía, pensamiento crítico y
habilidades prácticas (Salinas, 2023). En este contexto, la incorporación de tecnologías educativas
como los simuladores virtuales permite articular de forma más eficaz los contenidos teóricos con su
aplicación en escenarios simulados que replican la realidad profesional.

A continuación, se presentan los objetivos propuestos para el desarrollo de este articulo científico.

Objetivo general:

Objetivos específicos:

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2.
MARCO TEÓRICO

2.1 Simuladores virtuales: fundamentos tecnológicos y pedagógicos

Los simuladores virtuales representan una evolución en la integración de tecnología educativa en
entornos
universitarios,
al
ofrecer
plataformas
interactivas
que
permiten
reproducir
situaciones
reales o hipotéticas con altos niveles de realismo e inmersión. Estos entornos están diseñados para
que los estudiantes puedan interactuar con objetos, procesos o contextos simulados, desarrollando
habilidades
prácticas
mediante
el
ensayo
y
error,
la
toma
de
decisiones
y
la
retroalimentación
inmediata (Mikropoulos & Natsis, 2011).

Desde el punto de vista tecnológico, los simuladores pueden incluir elementos de realidad virtual
(VR), realidad aumentada (AR), modelado tridimensional, inteligencia artificial (IA), y algoritmos
de física computacional que emulan el comportamiento de sistemas complejos. Estas tecnologías
permiten la creación de escenarios dinámicos que se adaptan al nivel del usuario, favoreciendo así
un
aprendizaje
personalizado
y
progresivo
(Czerkawski
&
Lyman,
2016).
En
contextos
de
formación profesional, esta capacidad resulta especialmente valiosa para simular condiciones de
riesgo o alto costo, como cirugías, procedimientos industriales o experimentos de laboratorio.

Desde
la
perspectiva
pedagógica,
el
uso
de
simuladores
virtuales
se
fundamenta
en
teorías
del
aprendizaje experiencial (Kolb, 1984), el constructivismo social (Vygotsky, 1978) y el aprendizaje
situado (Lave & Wenger, 1991). Estas teorías coinciden en la importancia de involucrar al estudiante
en experiencias significativas, activas y contextualizadas, donde el conocimiento se construye a
través de la interacción con el entorno, la reflexión y la resolución de problemas reales o simulados.
En ese sentido, los simuladores no solo proporcionan contenido, sino que crean contextos auténticos
donde
los
estudiantes
aprenden
haciendo,
reflexionando
y
ajustando
sus
estrategias
según
los
resultados obtenidos.

En
el
ámbito
universitario,
los
simuladores
han
mostrado
un
impacto
positivo
en
múltiples
dimensiones del aprendizaje: fortalecen la retención del conocimiento, incrementan la motivación
estudiantil,
mejoran
la
autoconfianza
y
fomentan
habilidades
transversales
como
el
trabajo
en
equipo, la resiliencia ante el error, y la capacidad de análisis (Pérez et al., 2023; Serrano-Luján et
al.,
2022).
Estas
herramientas
son
particularmente
eficaces
cuando
se
integran
en
diseños
instruccionales bien estructurados, con objetivos de aprendizaje claros, seguimiento por parte del
docente y espacios de retroalimentación continua.

Además,
la
implementación
de
simuladores
permite
abordar
algunos
principios
clave
de
la
educación
superior
del
siglo
XXI,
como
la
personalización
del
aprendizaje,
la
inclusión
de
estudiantes con distintas habilidades y estilos cognitivos, y la evaluación formativa mediante el

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seguimiento de trayectorias de interacción y desempeño en entornos virtuales (UNESCO, 2022;
García-Peñalvo, 2021).

En síntesis, los simuladores virtuales constituyen mucho más que una innovación tecnológica: son
herramientas
didácticas
transformadoras
que
permiten
repensar
los
modelos
de
enseñanza-
aprendizaje
en
clave
activa,
práctica
y
centrada
en
el
estudiante.
Su
aplicación
adecuada,
acompañada de estrategias pedagógicas coherentes, puede generar entornos de aprendizaje más
significativos, retadores y adaptados a los desafíos profesionales contemporáneos.

2.2 Aprendizaje activo: principios y enfoques metodológicos

El aprendizaje activo constituye un cambio paradigmático en la concepción del proceso educativo,
al
desplazar
el
foco
desde
la
enseñanza
hacia
el
aprendizaje.
A
diferencia
de
los
modelos
tradicionales centrados en la transmisión unidireccional de información —en los que el docente
actúa como expositor y el estudiante como receptor pasivo—, el aprendizaje activo promueve la
participación
consciente,
deliberada
y
reflexiva
del
estudiante
en
actividades
que
exigen
su
involucramiento cognitivo, emocional y conductual (Bonwell & Eison, 1991; Prince, 2004).

Este
enfoque
se
apoya
en
principios
constructivistas
que
sostienen
que
el
conocimiento
no
se
transfiere, sino que se construye a través de la experiencia, la interacción social y la resolución de
problemas significativos (Piaget, 1972; Vygotsky, 1978). Las actividades típicas del aprendizaje
activo incluyen la discusión de casos, el aprendizaje basado en problemas (ABP), la simulación, el
aprendizaje cooperativo, la escritura reflexiva, los debates estructurados y el uso de tecnologías
digitales para la interacción (Chi & Wylie, 2014).

Una de las contribuciones clave del aprendizaje activo es su efecto positivo en el desarrollo de
habilidades
de
orden
superior,
como
el
pensamiento
crítico,
la
resolución
de
problemas,
la
metacognición,
la
creatividad
y
la
toma
de
decisiones
fundamentadas.
Estas
habilidades
son
esenciales en el contexto universitario, donde se busca formar profesionales capaces de adaptarse a
entornos cambiantes, gestionar información compleja y actuar con autonomía (Freeman et al., 2014;
Armellini & De Stefani, 2016).

Además,
la
implementación
de
estrategias
de
aprendizaje
activo
ha
sido
asociada
con
mejoras
significativas en el rendimiento académico, en comparación con las clases magistrales tradicionales.
Un metaanálisis realizado por Freeman et al. (2014), basado en 225 estudios, demostró que los
estudiantes que participaron en cursos con metodologías activas obtuvieron un desempeño superior
y
redujeron
las
tasas
de
deserción
en
carreras
STEM
(Ciencias,
Tecnología,
Ingeniería
y
Matemáticas).

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En este marco, la incorporación de tecnologías educativas interactivas
—como los simuladores
virtuales—
se
convierte
en
un
recurso
privilegiado
para
operacionalizar
los
principios
del
aprendizaje activo. Estas herramientas permiten al estudiante interactuar con entornos dinámicos,
recibir
retroalimentación
inmediata,
aplicar
sus
conocimientos
a
situaciones
contextualizadas
y
aprender
de
los
errores
en
un
entorno
seguro
(Czerkawski
&
Lyman,
2016).
Al
combinar
interactividad, inmersión y desafío cognitivo, los simuladores no solo motivan el aprendizaje, sino
que
lo
anclan
a
experiencias
significativas
que
favorecen
la
transferencia
del
conocimiento
a
contextos reales.

Por tanto, el aprendizaje activo no debe entenderse únicamente como una estrategia didáctica más,
sino como una filosofía educativa que sitúa al estudiante en el centro del proceso formativo, dándole
herramientas para pensar, actuar y aprender de forma autónoma y colaborativa. Su articulación con
tecnologías como los simuladores virtuales representa una oportunidad para repensar los modelos
pedagógicos universitarios y avanzar hacia una educación más participativa, inclusiva y orientada
al desarrollo integral.

2.3 Integración de simuladores en la educación superior

La incorporación de simuladores virtuales en la educación universitaria responde a la necesidad de
adaptar los procesos formativos a los desafíos del siglo XXI, en un contexto donde la innovación
educativa,
la
digitalización
y
el
desarrollo
de
competencias
prácticas
se
han
vuelto
prioridades
estratégicas en las instituciones de educación superior (García-Peñalvo, 2021; UNESCO, 2022).
Estos entornos digitales permiten recrear situaciones del mundo real de forma interactiva, dinámica
y segura, lo que favorece la conexión entre teoría y práctica en entornos educativos.

La efectividad de los simuladores en el ámbito universitario ha sido documentada en múltiples
disciplinas.
En
las
ciencias
de
la
salud,
por
ejemplo,
el
uso
de
simuladores
para
prácticas
de
anatomía, procedimientos quirúrgicos, atención en emergencias y habilidades clínicas ha mejorado
significativamente
la
seguridad
del
paciente,
la
autoconfianza
del
estudiante
y
la
precisión
diagnóstica (Lateef, 2010; O’Donnell et al., 2020). Plataformas como Body Interact o SimMan
permiten
la
simulación
de
casos
clínicos
en
tiempo
real
con
retroalimentación
automatizada,
promoviendo la toma de decisiones bajo presión.

En
ingeniería
y
arquitectura,
los
simuladores
permiten
modelar
estructuras,
probar
materiales,
simular
procesos
industriales
o
analizar
la
eficiencia
energética
de
edificaciones.
Herramientas
como MATLAB Simulink, AutoCAD o Revit, integradas con motores de simulación, ofrecen a los
estudiantes experiencias inmersivas para resolver problemas técnicos reales con base en datos y
criterios de calidad profesional (Serrano-Luján et al., 2022).

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En educación económica y empresarial, los simuladores permiten desarrollar habilidades de análisis
financiero,
gestión
de
recursos,
negociación
y
liderazgo
en
escenarios
virtuales
de
toma
de
decisiones
estratégicas.
Simuladores
como
Simultrain,
Marketplace
o
Cesim
Global
Challenge
permiten
a
los
estudiantes
desempeñarse
como
gerentes
en
contextos
económicos
reales,
enfrentando incertidumbre, competencia y presión de resultados (Renta-Davids et al., 2020).

Asimismo,
en
las
ciencias
naturales,
la
simulación
computacional
se
utiliza
para
visualizar
fenómenos
que
no
pueden
reproducirse
fácilmente
en
un
laboratorio
real,
como
la
evolución
molecular,
la
mecánica
cuántica
o
el
cambio
climático.
Herramientas
como
PhET
o
Algodoo
permiten al estudiante observar patrones, modificar variables y entender relaciones de causa-efecto
en entornos controlados (Hurtado Espinosa et al., 2025).

La integración de simuladores virtuales en el currículo universitario debe contemplar no solo su
dimensión tecnológica, sino también pedagógica e institucional. Los estudios coinciden en que su
impacto positivo depende en gran medida del diseño instruccional, la formación del profesorado, la
alineación con los resultados de aprendizaje y el acceso equitativo a la tecnología (Sánchez-Gordón
& Luján-Mora, 2018). La presencia de simuladores en un aula no garantiza automáticamente la
mejora
del
aprendizaje;
se
requiere
una
planificación
didáctica
coherente
y
orientada
a
competencias.

Por
otro
lado,
las
investigaciones
destacan
que
los
simuladores
virtuales
también
favorecen
la
inclusión, al permitir que estudiantes con discapacidades o con dificultades para asistir a espacios
físicos puedan participar activamente en experiencias educativas simuladas. Además, contribuyen a
la
sostenibilidad
educativa,
al
reducir
costos
de
materiales,
consumo
energético
y
riesgos
en
prácticas reales (García-Peñalvo, 2021).

En síntesis, la integración efectiva de simuladores en la educación universitaria exige una visión
estratégica
que
articule
pedagogía,
tecnología
e
institucionalidad.
Cuando
estos
entornos
se
incorporan con intencionalidad didáctica, evaluación continua y apoyo docente, tienen el potencial
de
transformar
la
experiencia
de
aprendizaje,
ampliar
el
acceso
al
conocimiento
y
desarrollar
habilidades alineadas con los contextos profesionales contemporáneos.

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Tabla 1
Aplicaciones de simuladores virtuales en distintas áreas del conocimiento universitario

Área
disciplinar

Tipo de simulador
virtual

Objetivos pedagógicos

Beneficios observados

Ciencias de la
salud

Simuladores clínicos,
anatomía 3D,
escenarios de
emergencias

Tomar decisiones clínicas,
practicar procedimientos,
evitar riesgos reales

Mejora de la seguridad del paciente,
aumento de la confianza, aprendizaje
práctico (Lateef, 2010; O’Donnell et
al., 2020)

Ingeniería y
arquitectura

Modelado 3D,
simulación estructural,
procesos industriales

Diseñar, experimentar y
optimizar sistemas y
estructuras

Resolución de problemas técnicos,
comprensión aplicada, visualización
de procesos (Serrano-Luján et al.,
2022)

Ciencias
económicas y
gestión

Simuladores de
negocios, toma de
decisiones, simulación
de mercado

Desarrollar liderazgo,
análisis financiero, gestión
estratégica

Aumento del pensamiento estratégico,
trabajo colaborativo, toma de
decisiones realistas (Renta-Davids et
al., 2020)

Ciencias
naturales

Simuladores físicos,
químicos o biológicos
(PhET, Algodoo)

Comprender fenómenos
complejos, experimentar en
entornos seguros

Visualización interactiva, aprendizaje
por descubrimiento, reducción de
errores conceptuales (Hurtado
Espinosa et al., 2025)

2.4 Retroalimentación automatizada y aprendizaje autorregulado en simuladores virtuales

Uno de los elementos clave que distingue a los simuladores virtuales de otros recursos educativos
es su capacidad para ofrecer retroalimentación inmediata y automatizada, lo cual tiene un impacto
significativo en la calidad del aprendizaje. Esta característica permite al estudiante tomar conciencia
de
sus
errores,
visualizar
las
consecuencias
de
sus
decisiones
y
ajustar
su
comportamiento
en
función de los resultados obtenidos, sin requerir la mediación del docente (Verkuyl et al., 2024).

La retroalimentación automatizada en simuladores se basa en algoritmos que analizan el desempeño
del estudiante en tiempo real y generan respuestas adaptativas, desde mensajes informativos hasta
cambios en la dificultad del entorno simulado. Esta capacidad técnica potencia el desarrollo del
aprendizaje autorregulado, entendido como el proceso mediante el cual los estudiantes planifican,
monitorean y evalúan su propio aprendizaje de manera autónoma (Zimmerman, 2002).

Según
la
literatura
reciente,
la
integración
de
sistemas
de
retroalimentación
inteligente
en
simuladores no solo mejora la eficiencia del aprendizaje, sino que también fortalece la autonomía,
la motivación intrínseca y la metacognición de los estudiantes universitarios (Cabrera-Duffaut et
al., 2024; Tang & Hare, 2023). Estos factores son fundamentales para la formación de profesionales
capaces de aprender a lo largo de toda la vida y adaptarse a contextos laborales dinámicos.

Además, estudios en el campo de la salud y la ingeniería han evidenciado que los entornos con
retroalimentación automatizada permiten reducir la carga cognitiva durante tareas complejas, al

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guiar progresivamente al estudiante desde niveles básicos hacia escenarios avanzados, generando
una curva de aprendizaje más eficiente (Mørk et al., 2024; Padilla Pérez & Keleş, 2025).

En este sentido, la combinación entre tecnología simulada y mecanismos de feedback automatizado
representa una oportunidad única para promover prácticas pedagógicas más efectivas, centradas en
el estudiante y orientadas a la adquisición de competencias de alto nivel. No obstante, su diseño
debe ser cuidadoso, ético y pedagógicamente fundamentado, para evitar una dependencia excesiva
del sistema o un aprendizaje superficial.

  1. 3.
    METODOLOGÍA O MATERIALES Y METODOS

La presente investigación se enmarca en una revisión bibliográfica narrativa estructurada, orientada
a sistematizar el conocimiento actual sobre el uso de simuladores virtuales como herramienta de
aprendizaje activo en entornos educativos universitarios. Para ello, se adoptó un enfoque cualitativo
que permitió analizar y sintetizar estudios académicos publicados en los últimos diez años (2014–
2024), priorizando investigaciones empíricas, revisiones sistemáticas, estudios de caso y aportes
teóricos relevantes.

La estrategia metodológica siguió los siguientes pasos:

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Tabla 2
Resumen metodológico del proceso de revisión

Elemento

Descripción

Tipo de estudio

Revisión bibliográfica narrativa estructurada

Enfoque

Cualitativo

Periodo de publicación

2014 – 2024

Bases de datos
consultadas

Scopus, Web of Science, ERIC, SciELO, Google Scholar

Idiomas incluidos

Español e inglés

Palabras clave

“simuladores virtuales”, “virtual simulators”, “aprendizaje activo”, “higher education”

Criterios de inclusión

Artículos científicos arbitrados, acceso completo, relevancia temática

Criterios de exclusión

Opiniones, artículos sin validación científica, textos sin enfoque educativo

Número final de
artículos

40 documentos seleccionados para análisis profundo

Técnica de análisis

Codificación temática y análisis categorial

  1. 4.
    RESULTADOS

En el marco de la transformación digital en la educación superior, las tecnologías inmersivas han
cobrado protagonismo como herramientas pedagógicas innovadoras. Entre ellas, la realidad virtual
(RV), la realidad aumentada (RA) y la realidad mixta (RM) constituyen variantes de un espectro
más
amplio
denominado
realidad
expandida.
Estas
tecnologías
permiten
generar
entornos
de
aprendizaje
más
dinámicos,
interactivos
y
contextualizados,
adaptados
a
diferentes
necesidades
pedagógicas. La siguiente tabla presenta una comparación de las características distintivas de cada
modalidad,
destacando
sus
implicaciones
en
términos
de
inmersión,
interacción
y
estimulación
sensorial.

Tabla
3.
Características
comparativas
entre
Realidad
Virtual,
Realidad
Aumentada
y
Realidad
Mixta dentro del marco de la Realidad Expandida

Realidad Virtual

Realidad Aumentada

Realidad Mixta

Uso de un visor que inhibe el
contacto con el mundo real

Uso de un visor que se posiciona
sobre el mundo real

Combinación de RV y RA

Inmersión en un espacio virtual

Permanencia del entorno físico real
con información virtual añadida

Creación de nuevos escenarios

Interacción completa sobre la
realidad virtual

Elementos virtuales añadidos
posicionados con marcas físicas

Objetos reales y elementos virtuales
comparten el mismo plano

Estimulación sensorial

Interacción con los elementos
virtuales añadidos

No hay inmersión completa

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Como se observa en la Tabla 3, cada modalidad ofrece distintos niveles de inmersión y formas de
interacción entre el usuario y el entorno, lo que condiciona su aplicabilidad en el contexto educativo.
Mientras que
la realidad
virtual
busca
una
inmersión total
en un
entorno simulado,
la
realidad
aumentada mantiene el contacto con el mundo físico incorporando información digital sobre él. Por
su parte, la realidad mixta representa una convergencia entre ambas, permitiendo la coexistencia de
objetos reales y virtuales en el mismo espacio perceptual. Comprender estas diferencias resulta
esencial para seleccionar el tipo de simulación más adecuada según los objetivos formativos, el área
disciplinar y las condiciones tecnológicas de cada institución educativa.

Los resultados se agruparon en cuatro categorías principales: (1) beneficios pedagógicos, (2) áreas
de aplicación disciplinar, (3) desafíos institucionales y (4) síntesis de hallazgos emergentes

A continuación, se discute cada una de estas dimensiones, integrando los aportes más destacados de
la literatura.

4.1 Beneficios pedagógicos de los simuladores

Diversos estudios coinciden en que los simuladores virtuales fortalecen el aprendizaje activo al
ofrecer
experiencias
significativas,
participativas
y
contextualizadas.
Entre
los
beneficios
más
reportados se encuentran: el aumento de la motivación intrínseca, el desarrollo del pensamiento
crítico, la mejora de la retención del conocimiento, y la transferencia de saberes teóricos a la práctica
(Freeman et al., 2014; Czerkawski & Lyman, 2016; Hurtado Espinosa et al., 2025).

Además, se observó una alta valoración por parte del estudiantado en cuanto a la posibilidad de
aprender de los errores sin riesgos reales, así como la percepción de una experiencia más cercana al
ámbito profesional (Lateef, 2010; Rodríguez et al., 2024).

4.2 Áreas disciplinares con mayor aplicación

Los simuladores se utilizan principalmente en ciencias de la salud, ingeniería, arquitectura, física,
química y economía, donde su implementación ha transformado las metodologías de enseñanza-
aprendizaje. En estos campos, la simulación permite superar limitaciones logísticas, éticas o de
recursos, al ofrecer entornos controlados para la experimentación y la práctica (Serrano-Luján et al.,
2022; Renta-Davids et al., 2020). Por ejemplo, en medicina y enfermería, los simuladores clínicos
han permitido replicar procedimientos invasivos, diagnósticos y emergencias sin poner en riesgo la
vida de pacientes, mejorando la seguridad y el rendimiento clínico de los estudiantes. En ingeniería,
la simulación computacional facilita la comprensión de sistemas complejos, el análisis de fallos

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estructurales y la optimización de procesos industriales, lo cual sería costoso o riesgoso en entornos
reales.

En áreas de economía y administración, los simuladores empresariales permiten ensayar estrategias
de
inversión,
negociación
y
toma
de
decisiones
bajo
presión,
en
entornos
que
imitan
el
comportamiento
del
mercado
y
la
competencia.
Estas
experiencias
favorecen
el
desarrollo
de
habilidades blandas y técnicas, como el liderazgo, la gestión de riesgos y el pensamiento estratégico,
que difícilmente se alcanzan en clases teóricas tradicionales.

En
términos
generales,
la
integración
de
simuladores
en
estas
disciplinas
no
solo
responde
a
necesidades didácticas, sino también a exigencias profesionales, permitiendo que el estudiante se
enfrente a problemas del mundo real desde una etapa temprana de su formación académica.

4.3 Desafíos institucionales

Aunque la mayoría de los estudios destacan el alto valor pedagógico de los simuladores virtuales,
también se identifican diversas barreras que dificultan su implementación efectiva y sostenida en el
ámbito universitario. Entre los desafíos más recurrentes figuran: la falta de formación docente en
tecnología educativa, que limita el aprovechamiento didáctico del recurso; la escasa articulación
curricular, que impide integrar los simuladores como parte estructural del proceso formativo; la
infraestructura
tecnológica
limitada,
especialmente
en
instituciones
con
restricciones
presupuestarias;
y
la
resistencia
al
cambio
metodológico,
asociada
a
modelos
de
enseñanza
tradicionales que aún prevalecen en muchos contextos (García-Peñalvo, 2021; Sánchez-Gordón &
Luján-Mora, 2018).

Además,
se
ha
evidenciado
que
algunos
docentes
perciben
los
simuladores
como
herramientas
complementarias, pero no esenciales, lo que repercute en su subutilización o empleo esporádico. A
esto se suma la falta de tiempo institucional para rediseñar actividades, capacitar al personal y
evaluar el impacto pedagógico de estas tecnologías. En contextos donde no existen políticas claras
de
innovación
o
acompañamiento
técnico-pedagógico,
la
incorporación
de
simuladores
puede
quedar reducida a experiencias aisladas, sin continuidad ni evaluación sistemática.

De igual manera, la brecha digital y la desigualdad en el acceso a recursos tecnológicos representan
un obstáculo importante en países en vías de desarrollo o en zonas rurales, donde la conectividad,
el
equipamiento
y
el
soporte
técnico
son
insuficientes
para
implementar
ambientes
virtuales
inmersivos de manera equitativa. Por ello, superar
estas barreras requiere no solo
inversión
en
infraestructura, sino también voluntad institucional, liderazgo académico y políticas integrales de
formación docente e innovación educativa.

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4.4 Síntesis de hallazgos emergentes

La
literatura
sugiere
que
la
integración
exitosa
de
simuladores
requiere
un
enfoque
sistémico:
capacitación
docente,
diseño
instruccional
claro,
evaluación
continua
del
impacto,
y
políticas
institucionales
que
promuevan
la
innovación
metodológica
(UNESCO,
2022;
Armellini
&
De
Stefani, 2016).

Tabla 4
Síntesis de hallazgos según categorías emergentes

Categoría

Hallazgos destacados

Estudios
representativos

Beneficios
pedagógicos

Mejora del aprendizaje activo, motivación,
transferencia, retroalimentación inmediata

Freeman et al. (2014),
Czerkawski & Lyman (2016)

Áreas disciplinares
clave

Ciencias de la salud, ingeniería, economía,
ciencias naturales

Hurtado Espinosa et al. (2025),
Renta-Davids et al. (2020)

Desafíos
institucionales

Falta de formación docente, infraestructura
deficiente, baja integración curricular

García-Peñalvo (2021),
Sánchez-Gordón & Luján-Mora
(2018)

Recomendaciones

Diseño instruccional, políticas de innovación,
evaluación del impacto, acompañamiento docente
continuo

Armellini & De Stefani (2016),
UNESCO (2022)

Finalmente, los
hallazgos evidencian que los
simuladores virtuales no solo
representan una
innovación
tecnológica,
sino
una
transformación
pedagógica
que,
si
es
bien
implementada,
puede elevar la calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje universitarios. No obstante, su
adopción requiere un compromiso institucional integral y una visión pedagógica centrada en el
estudiante.

  1. 5.
    C
    ONCLUSIONES

La
revisión
bibliográfica
realizada
evidencia
que
los
simuladores
virtuales
constituyen
una
herramienta didáctica de alto valor en el contexto de la educación universitaria, especialmente
cuando
se
integran
como
parte
de
metodologías
activas
de
aprendizaje.
Su
capacidad
para
recrear
entornos
realistas,
brindar
retroalimentación
inmediata
y
permitir
la
exploración
autónoma de procesos complejos contribuye significativamente al desarrollo de competencias
cognitivas, procedimentales y actitudinales en los estudiantes.

Entre los beneficios más destacados se encuentran el incremento de la motivación intrínseca, la
mejora de la retención de conocimientos, el fomento del pensamiento crítico y la vinculación
directa entre teoría y práctica. Estos resultados son consistentes en diversas áreas disciplinares,

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como
ciencias
de
la
salud,
ingeniería,
economía
y
ciencias
básicas,
donde
los
simuladores
permiten superar limitaciones de tiempo, espacio, seguridad o recursos materiales.

No obstante, la integración efectiva de estas tecnologías enfrenta retos importantes. Las barreras
más recurrentes incluyen la falta de formación docente en tecnologías emergentes, la escasa
alineación curricular con el uso de simuladores, las restricciones presupuestarias y la resistencia
institucional a la innovación metodológica. Estos desafíos subrayan la necesidad de políticas
institucionales que acompañen con visión pedagógica la transformación digital de la enseñanza.

En
síntesis,
los
simuladores
virtuales
no
deben
concebirse
como
meros
complementos
tecnológicos, sino como catalizadores de modelos educativos centrados en el estudiante, que
promuevan
la
autonomía,
la
práctica
reflexiva
y
la
formación
integral.
Su
potencial
transformador depende, sin embargo, de un diseño instruccional coherente, del compromiso
docente y del respaldo institucional
.

5.1 Líneas futuras de investigación

A partir de los vacíos identificados en la literatura revisada, se proponen las siguientes líneas
para investigaciones futuras:

Estas líneas ofrecen oportunidades para consolidar un cuerpo de conocimiento más robusto
sobre el rol de la simulación virtual en la transformación de la enseñanza universitaria, alineada
con las demandas de la sociedad digital y la educación del siglo XXI.

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CONFLICTO DE INTERESES

Los Autores declaran que no existe conflicto de intereses, o lo que corresponda.

CONTRIBUCIÓN DE AUTORÍA

En concordancia con la taxonomía establecida internacionalmente para la asignación de créditos a autores de
artículos científicos (https://credit.niso.org/). Los autores declaran sus contribuciones en la siguiente matriz:

Montenegro
David.

Vinueza
Rafaela

Morales
Vanessa.

Participar activamente en:

Conceptualización

X

X

Análisis formal

X

X

X

Adquisición de fondos

X

Investigación

X

X

Metodología

X

X

Administración del proyecto

X

X

Recursos

X

X

Redacción –borrador original

X

X

Redacción –revisión y edición

La discusión de los resultados

X

X

X

Revisión y aprobación de la versión final del trabajo.

X

X

X

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